¿Por qué fracasan las empresas?

Las estadísticas son concluyentes y son casi iguales en el mundo entero, más o menos el setenta y cinco por ciento de las Pequeñas y medianas empresas (Pequeñas Empresas) que se emprenden de año en año no llegan a los dos años de vida y del veinte por ciento sobrante, solo un pequeño porcentaje llega al quinto año y todavía un menor porcentaje llega a los diez años. Y la enorme mayoría de las Pequeñas y medianas empresas que pasan del segundo año de vida, se sostienen en un estado de "supervivencia", atascados en un ciclo de poco o bien nulo desarrollo y poca rentabilidad.
Las causas de este fracaso empresarial son muy variadas, y cada empresa tiene una casuística propia, pero se pueden plantear una serie de hechos que son más o menos válidos para todas las nuevas empresas.

No dar toda la importancia al marketing

La mayor parte de los especialistas en Marketing acostumbran a lamentarse de que el presupuesto aportado a sus departamentos es siempre y en toda circunstancia deficiente. Asimismo es cierto, que muchos de ellos no son capaces de comprender las reglas imprescindibles de las inversiones y las finanzas, con lo que no es sorprendente que, habitualmente, las acciones de Marketing resulten ineficaces.
En el otro lado, tenemos a empresas que no están implicadas con la filosofía de Marketing y que estiman que invertir una parte de sus recursos en acciones de marca son una pérdida de tiempo y dinero, por ende sus presupuestos de marketing son siempre y en todo momento deficientes para los resultados que desean lograr.
Por marketing nos referimos tanto al marketing digital ( posicionamiento web, publicidad, artículos, redes sociales, etc) como al marketing tradicional u offline.

Mala administración financiera de los recursos y los beneficios

Generalmente, las estructuras de la mayor parte de negocios dependen demasiado de la financiación externa a la empresa. La financiación propia no debería suponer, bajo concepto alguno, menos de un cuarenta por ciento de los recursos financieros totales de cualquier proyecto. Lo opuesto sería más propio de operaciones de carácter especulativo que de una inversión seria con visión a largo plazo.
De igual modo, muchos propietarios ahogan literalmente a la compañía en los primeros años de vida. Se suele asesorar reinvertir los beneficios, en el caso de haberlos, a lo largo de los cinco primeros años con la meta de capitalizar de forma suficiente el negocio. En todo caso, lo más conveniente es invertir en negocios con un margen de, más o menos, unos diez años, ya antes de comenzar a remunerar a los dueños, si deseamos que tengan las máximas posibilidades de éxito.
Por otra parte, las gestión del flujo de caja es vital para cualquier empresa. Recordemos que los beneficios son una opinión, pero los flujos de caja son un hecho. Ningna empresa puede sobrevivir si no tiene suficiente flujo de caja para hacer frente a los gastos corrientes, por muchos beneficios que tenga. Si no se dispone de circulante para los gastos corrientes antes o después se termina por solicitar más financiación, lo que puede acarrear aparecer en los bureaus de crédito.

No efectuar planes estratégicos en un largo plazo

Esta es, seguramente, la mayor causa de descalabro en las nuevas empresas. Un proyecto que se centre únicamente en el “aquí y ahora”, simplemente, no tiene futuro. Entre otras muchas cosas porque cuando llegue a percatarse de un cambio en el mercado, la mayor parte de sus contendientes ya van a tener mayor experiencia usando los nuevos principios y herramientas.
Esta cultura de la innovación no se debe generar solo en multinacionales y grandes empresas, en verdad, los resultados más sorprendentes se generan en PYMES que adoptan esta realidad en sus planes estratégicos. En todo caso, de poco le servirá contratar los servicios de un servicio de asesoría externo si carece de la predisposición y convicción precisas para aplicarlos. Recuerde que, en último término, es, en una buena parte, responsable de las actuaciones y resultados de su empresa.

El mito del emprendedor que todo lo puede

La mayor parte de las personas que emprenden un negocio son técnicos que dominan cierta área o bien oficio y que piensan que por saber "de qué manera hacer las cosas" pueden desarrollar un negocio relacionado. Entonces tenemos al gerente de Sistemas que se desempeñó muchos años en grandes empresas y que conoce el trabajo técnico sobre sistemas computacionales y un día decide que pondrá su empresa de servicios de TI (Tecnologías de Información).
Este es el primer "fallo fatal". El saber de qué forma hacer algo -un oficio, un trabajo técnico -, no guarda relación con saber de qué manera desarrollar una compañía en ese rubro, una Pyme. Y entonces sin saberlo, los nuevos emprendedores el día que abren las puertas de su nueva empresa adquieren varios trabajos nuevos a desarrollar, por ejemplo:  Director General, Director comercial, Director financiero, Director de Recursos Humanos, Director de Logística, etc.
La mayor parte de los nuevos emprendedores no tiene idea de de qué manera realizar todo esto pues jamás aprendieron a hacerlo.

No tener que rendir cuentas a nadie

En las compañías grandes siempre hay un jefe al que darle cuentas sobre el trabajo. En una Pyme el dueño está generalmente solo. No tiene a quien darle cuentas y esto crea un contante desenfoque. Se la pasan operando y operando todo el día, resolviendo inconvenientes urgentes y jamás tienen el enfoque, ni las herramientas convenientes ni el seguimiento para poder desarrollar una compañía de forma ordenada, profesionalizada y sistematizada.